La Revolución Autonomista y Constitucional por Miguel Roco.
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Para comprender la trascendencia de la doctrina tradicional y de la antigua concepción patrimonial de la monarquía debemos remitirnos al plano comparativo, con las concepciones que se esgrimían en esos momentos por los llamados “regalistas”, sección que busca mantener el poder real en el sitio que hasta ese momento había ostentado.
Estos cambios se producen en un contexto, ese es comienzos de siglo XIX, en España se produce una acefalía monárquica, en la cual Fernando VII, legitimo sucesor a trono real, se encuentra sin control sobre su reino. Por lo tanto, ante la falta de la autoridad, aparece una antigua ideología, la “soberanía popular”, por la que el pueblo toma el control de su destino; consagrada dentro de la doctrina tradicional esta es presentada por José Amor de
El problema de la génesis del Poder, que por un sector estaba resuelto hacia la postura borbónica (la metrópoli) y la otra residida en el pueblo (América) tuvieron su choque entre élites que querían el poder. En ese sentido, por el lado americano, se intentó afianzar esta idea de soberanía por medio de textos pedagógicos como el Catecismo Político Cristiano (antes mencionado) o El diálogo de los porteros al cual quiero remitirme ahora:
Este texto, de don Manuel de Salas trata sobre la conversación entre Quevedo (el portero del Cabildo) y Argote (portero del Cabildo):
“Quevedo: En hora buena; lo creo porque es muy natural; pero eso será bueno para los empleados. ¿Y qué me dirá usted de los españoles europeos, que tanto repugnan
Argote: Sí, lo serán; pero advierta usted que los que no tienen empleos, tienen una opción declarada a ellos, tienen derecho a la preferencia en todo sobre los naturales, y quieren conservar aquel predominio que les han dado nuestra moderación y la indiscreta hospitalidad. Por no perderla, desearían que nos sometiésemos a los franceses, para que siempre pendiésemos de la tierra santa. Sienten que con este motivo se haya aclarado que nosotros somos vasallos del Rey de España, pero no de la España sin su Rey, que ellos han vendido; juramos a Fernando y no a José, ni a otro que ocupe violentamente el solio. Miran con dolor una reforma que fijará el gobierno en manos nacidas en el país, y que necesitarán para hacerse dignos de la confianza pública de un patriotismo, instrucción y demás virtudes que ellos no tienen. Observan que la variación en el comercio va a privarlos de aquel monopolio que los enriquecía a costa de hacernos andar desnudos, o de poner la ley al fruto de nuestro sudor y de mantenernos en la ignorancia, pereza y vil sumisión”[2]
Aquí Quevedo dirige unas preguntas a su interlocutor sobre la legitimidad de
Además de esta idea, el conflicto con el pueblo español estaba en que el menospreciado pueblo chileno desde el Reglamento de libertad de comercio de 1778 dio al alma con tres potencias una formación bajo las influencias inglesa y francesa, además de la española que ya no unían de por sí al pueblo español sino simplemente al monarca, defendiéndose en una pugna de pertenencia a
“¿Por qué (amigos) tanta saña?,/¿el real nombre no acatamos?/Cumplimos lo que juramos,/mas no juramos a España./Ustedes con harta maña,/mandarnos quieren ahora;/mas su nación no mejora,/o la /España está mal quista,/pues siendo toda Conquista,/será Asturias la señora”[3].
El primer y segundo verso responden a la afrenta a la monarquía por la cual son acusados y que, viendo desde su punto de vista, no es real ya que no existe un precedente que afirme tal inclinación, es más, en todos sus textos esbozan la esperanza hacia Fernando VII. Aquí reprimen en falso derecho de
Lo más potente en este sentido es la afirmación del precedente de Asturias como la señora de
La razón de que por qué el Absolutismo no logró internarse en la mentalidad americana es porque realmente es difícil romper con el arraigo de una línea doctrinaria cuando no está impuesta propiamente tal por un mandato o cualquier método artificial de instauración, sino cuando pertenece a una raza, a una fuente jurídico-filosófica española que se remonta a la conquista; definiendo el alma de esta, haciendo, por lo mismo, poco necesarios los conceptos de libertad, limitación de poder y participación del pueblo en la vida política y convirtiéndolos en una adaptación más que una adopción de algo a lo cual no se sienten pertenecer.
[1] Eyzaguirre, Jaime; “Ideario y ruta de la emancipación chilena”, Ed. Universitaria, Santiago de Chile, 1980, Pág. 115.
[3] Eyzaguirre, Jaime; “Ideario y ruta de la emancipación chilena”, Ed. Universitaria, Santiago de Chile, 1980, Pág. 99
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